El jovencito Frankestein – Gene Wilder, cinematic genius humor dies

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Muere el actor Gene Wilder (el jovencito frankestein)

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Hoy habrá poco texto. Mejor todo lo que viene a continuación.

Si bien, lo seleccionado es parte en Castellano y parte en Inglés. Es lo mejor que he sido capaz de encontrar.

Lo supe ayer por la tarde. Y lo que más me apenó de la noticia fue el hecho de conocer su padecimiento principal: El Anzheilmer. Creo, que la enfermedad del Siglo XXI. La de la pérdida de memoria total. Una auténtica tragedia.

Luego añadir que esta película, la que lo catapultara a la fama total, la vi y me la encontré de casualidad más o menos a la edad de dieciocho añitos. En la maravillosa ciudad de Córdoba (España). El año, prefiero olvidarlo 😉 No obstante, querido lector y para que te hagas a la idea de los tiempos que te refiero, pues que entonces la entrada al cine valia poco menos de 25 pesetas. El equivalente, hoy día, a muy poquitos céntimos de euro o dolar. Sí, amigo míos, en aquellos tiempos a pesar de lo que cuenten, todo era mucho más asequible a la mayoría de las personas.

Gene también escribió el guión de la película junto con Mel Brooks. Más adelante, en uno de los clips de “cómo se hizo”, él mismo te lo explicará.

Y por último añadir que ha sido una de las películas en que más me he reído en toda la  vida. Desde aquel momento me hice un fanático de Mel Brooks y Gener Eilder.

DEP querido amigo y muchas gracias por los buenos ratos que nos has hecho pasar y seguirás haciendo pasar.

DEP

Digamo que para todo aquel interesado y que quiera completar este largo y agradable rato que estoy procurando hacerte pasar, he aqui otra  de sus más famosas películas. En esta ocasión, coprotagonizada con otro mago del buen humor: Richar Pryor.

Saludos a todos y gracias por vuestro support 🙂

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Despertar

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09/06/2016 7:14:57

Despertar

Me resulta casi increíble la cantidad de material que se puede llegar a recopilar y mantener casi que oculto en algún remoto lugar de mi ordenador.

Eso es exactamente lo que sucede en nuestro cerebro.

No sólo a mí. A to quisqui.

La diferencia radica en ser o no consciente de ello.

Vamos a ver:

Cuando tú, que supones eres algo entendido en la materia, resuelves buscar algún archivo en tu máquina y no das con él.

Lo sabes que está ahí. Pero aún así no lo encuentras.

Si no desistes en el empeño más tarde o más temprano aparecerá. De modo imprevisto. En la mayoría de las ocasiones agazapado en alguna recóndita carpeta y hasta con un título diferente al que pensaste.

¿No te ha sucedido?

Pues lo mismo pasa con nuestra masa gris esa extraña que alojamos en la parte superior de nuestro cuerpo y conocida por todos como cabeza, cabecita o cabezón. Depende de por donde lo mires.

Pero no es esta la cuestión que pretendo abordar. Para nada.

Suelo irme por las ramas. Ya lo sabes, estimado lector.

De lo que pretendo hacer una reflexión hoy y que ha surgido tal y como en el ejemplo anterior sobre nuestro cerebro, es de lo casi infinito, diría, que lo es. De hecho. No imaginariamente. No.

Jamás he creído en civilizaciones venidas del espacio universal.

Soy de la opinión de que claro que debe de haber vida en alguna otra galaxia. Pero, la ecuación tiempo/distancia es muy difícil de resolver.

Por otra parte parece ser que la peña no se quiere enterar.

Nosotros hemos tenido a lo largo de la historia civilizaciones que han alcanzado cotas elevadísimas en el desarrollo del intelecto.

Tenemos a los mayas, aztecas, egipcios, Mesopotamia y mucho más. ¿Parece poco? ¿Parece mentira?

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Ni poco, ni mentira.

Hemos sido nosotros mismos los que hemos provocado nuestra desaparición. Así de simple.

Y si hablamos de la mítica Atlántida, pues algunos expertos afirman que quedó hundida tras el gran diluvio.

La Atlántida
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En estas conjeturas sí que creo.

¿Porque qué carajo no está pasando ahora?

Pues que tanta tecnología y avance no bien que pueden conducir a una catástrofe de esta envergadura.

Es asunto de calmarse. Cada uno por su parte y todos con todos.

La meditación es algo que ayuda. Y mucho.

Otra cosita que los entendidos no paran de referir.

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Más o menos como hayo yo ahora en este mí modesto trocito virtual del universo internauta.

Mientras las guerras, la codicia y el desmadre del egoísmo tanto a nivel individual como universal persistan, no dejaremos de ir directos a la catástrofe.

Con lo bonita que fue la revolución aquella de llevar siempre una flor en la mano al llegar a San Francisco.

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Cuentacuentos: definición…

Cuentacuentos: definición…  

Posted by julio d castro under Textos

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Finalmente, dichosamente y como casi siempre me suele suceder, un cuento que en un principio encuentro algo espinoso, al final deja de serlo tanto como me lo pareciera en un principio y termina como titulé la entrada de ayer. O sea, con broche de oro.

Incluso, habiendo hilvanado con esmero una situación tras otra, he logrado reunir en mi trocito del malecón o al menos conseguir sean mencionados los que para mí han operado como iconos desde muy joven, y que cito en riguroso orden de importancia para mí:

Me refiero, a los señores Arturo Pérez Reverte, a Jesús Quintero y a Fernando Sánchez Dragó.

En la anterior serie de entrevistas, iniciadas con José María García, han estado presentes tanto de persona como citada muy expresamente los tres.

Si se observa con meticulosidad, los tres van en edad de menor a mayor, los tres son escritores y periodistas, y a los tres igualmente he colocado de mayor a menor importancia, en lo que al menos para mí suponen.

Pero, entre los tres hay un tercer común denominador que los entrelaza, los vincula. Absolutamente los tres, son unos cuentacuentos.

Pero son, cuentacuentos de esos del bando al que yo pertenezco. Los cuentacuentos que siempre narran la verdad.

Para muchos, somos unos bichos extraños.

A ver, si ya que Arturo es todo un profesor de La Real Academia De La Lengua Española, consigue poner algo de su parte para que se agregue como tal la palabra o término cuentacuentos.

Pues ésta, aún y estos son los días en que no está recogida en el DRAE. Y, eso que el rollo de los cuentacuentos viene de largo. Me atrevería, en afirmar que desde la época de los juglares.

Por mi parte, he buscado minuciosamente la palabra en los diccionarios de más prestigio y todos, como es de suponer derivan en el único procedente, el DRAE.

Pues bien, comencemos entonces el análisis morfológico de esa palabra que a mi juicio es necesaria y de la que todavía carece el DRAE.

De modo, que aquí os planto el análisis morfológico de la palabra y en consecuencia el significado que yo le doy, y que espero no haya de pasar mucho tiempo para que sea agregada al DRAE.

He aquí pues, mi deducción morfológica:

-Cuentacuentos

Como tal, no se contempla la palabra. No, existe, Así, que habremos de dividirla en sendas palabras: cuenta y cuentos

cuenta1. f. Acción y efecto de contar.

contar. 2. Referir un suceso, sea verdadero o fabuloso.

verdadero, ra. adj. Que contiene verdad. || 2. Real y efectivo. || 3. Ingenuo, sincero. || 4. Que dice siempre verdad.

fabuloso, sa. (Del lat. fabulōsus). adj. Dicho de un relato, de una persona o de una cosa: Maravilloso y fantástico.

cuento1. (Del lat. compŭtus, cuenta). m. Relato, generalmente indiscreto, de un suceso. || 2. Relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención. || 3. Narración breve de ficción.

Por lo tanto y ya que por el momento la palabra o término no está ni incluida, ni definida en el DREA, conjugando adecuadamente el significado de las anteriores y como resultado final de mi particular y deductivo análisis morfológico de una palabra que si bien no está aún en el DRAE, es de uso bien generalizado; esta sería mi definición para la nueva palabra o término lingüístico:

CUENTACUENTOS: todo aquel que refiere sucesos verdaderos, ya sean normales, menos normales e incluso fabulosos. Pudiéndole, distinguir muy claramente dos tipos muy diferenciados entre sí, dentro de esta enunciación: el que no miente y el que si lo hace. Siendo aplicable pues, en ambos sentidos. Ya fueren, demostrados como verídicos o no los hechos narrados.

Éste que os escribe, como está muy orgulloso de pertenecer a esa mezcla que el solito se ha inventado, de Arturo Pérez Reverte, Jesús Quintero y Fernando Sánchez Dragó de ser cuentacuentos de los que jamás han mentido, ni tan siquiera se les pasó por la imaginación, ni tuvieron necesidad de ello, pues es de ese tipo de cuentacuentos.

O sea, un cuentacuentos que siempre narra la verdad, Ya sea anecdótica, singular, especial e incluso excéntrica.

Pero, siempre la verdad.

Y, para concluir, hacer una aclaración y observación respecto al término, vocablo, estilo o composición literaria enunciada como ficción; ésta tampoco tiene razón o justificación hacer uso de la mentira.

Un relato de ficción entra de lleno en algo que se conoce como “El arte de la creación literaria”.

O sea, algo narrado en el que haces uso de tu imaginación. Crea personajes que han mecido y existen solo en tu mente.

Paradójicamente los dos novelistas de habla castellana más famosos y leídos en la historia de la literatura española, se han visto obligados incluso a o se vieron, a tener que darles el jaque mate a sus héroes nacidos enteramente en su mente.

Al primero que me refiero a Cervantes. Al descubrir que otro escritor, sacó partido de lo que nada más correspondía a su real autor escribiendo otra novela en la que el personaje principal de la misma era El Quijote. Fue tal la indignación de Cervantes, que decidió dar carpetazo a lo que bien hubieran podido llegar a ser una serie de novelas. Así pues, redactó casi al acto la segunda parte de las hazañas de su personaje de ficción con una variante final radical. Hizo enfermar a D. Quijote, al extremo de morir. Lo enterró. Aquel fue el modo único que resolvió tomar. Él no podría hacer más narraciones sobre su hidalgo e ingenioso caballero. Pero, tampoco ningún otro escritor.

Al segundo que me refiero es a Pérez Reverte. También le dio carpetazo a su famoso Capitán Alatriste. En este caso, no debido a plagio alguno. No. Lo hizo, para dejar bien claro precisamente esto de lo que hablo; la ficción. Él, nunca fue Alatriste. Sólo, en algunos aspectos se aproximaba al personaje. Así mismo, aunque con otras palabras lo manifestó en una entrevista que le concedió a Jesús Quintero.

Entrevista que justo ayer colgué aquí y que sí que me vino como anillo al dedo para publicar este artículo. Obviamente, ni soy, ni creo que jamás llegue a ser un escritor d su envergadura. Pero, de todos los escritores que he conocido o leído a lo largo de toda mi vida, es con el único que me siento totalmente identificado. Al extreme, de que tenemos exactamente la misma edad. Pienso exactamente igual que él, sin haber timado nada prestado de él. O sea, que no ha influido en lo más mínimo en mi forma de ser. Puede, eso sí, que en algo me haya ayudado mucho sin tan siquiera saberlo él. Lo que es del todo normal. Sin embargo, precisamente en esta entrevista que milagrosamente he podido no sólo escuchar, sino que también tenerla grabada y que con toda seguridad permanecerá aquí, y n mí, como un preciado tesoro.

Por eso hago un punto y aparte. Porque hasta esa expresión: -Ya tengo canas en la barba-, muchas veces la dije antes de oírla decir por él. Igualmente he dicho un montón de veces que ni soy un nuevo rico, ni jamás tampoco fui pobre. Simplemente, sigo igual que siempre y habiendo tenido el privilegio que nadie t regala, pues nada más que se obtiene a base de tu propio esfuerzo de ser libre. De haber conseguido poder decidir sobre qué y cómo vivir mi vida, sin deberle nada a nadie.

Ayer descubrí, que no soy el bicho raro que he creído y muchos me han hecho creer que era, cuando jamás lo fui. Algo intuía, pues eso también lo he dicho en incontables ocasiones: a través del modo de escribir de una persona, puedes llegar a conocerla bastante bien. Lo único que necesitas es que esa misma persona te lo ratifique.

Ayer o mejor dicho, hace varios días que me liberé radical y totalmente de mi propio espectro irreal. De un fantasma que me ha acosado durante mucho tiempo. He perdido, la cuenta del número de veces que he visto la entrevista. No daba crédito a lo que estaba oyendo, viendo, descubriendo y verificando. Ayer comprobé algo que sospechaba; pero que imperiosamente necesitaba que la única persona del mundo, quizá, que lo hubiese conseguido fuese precisamente Arturo. Ese fantasma, que durante muchos años me ha tenido atormentado, no era yo, ni productor de mi imaginación.

Sin lugar a dudas, ha sido un fantasma. Porque, no tiene cuerpo físico y hace mucho daño. Tiene nombre, Uno solo: ENVIDIA.

Un saludote a todos y hasta pronto.

Om Tare Tutare Ture Soha