Studio 54

Studio 54 – New York

 

Studio 54 & me

Hace varios años publiqué algo sobre Studio 54. La discoteca más espectacular que toda persona con ganas de mucha, pero que muchísima marcha, pueda soñar con visitar.

Aquel post quedo del todo incompleto. Nada anoté.

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Entre otro más de los cientos de metas que me he venido trazando a lo largo de la vida, ésta sí que me satisfizo. A tope.

De cómo logré entrar en la disco poco tengo que contar. Me puse en la cola no muy mal acompañado 😉 y bastante bien acicalado. Bueno, para la época.

Eso sí: Un buen cadenón de “colorao” (oro) al cuello y bien trajeado de negro. Qué menos.

Vaya, una mezcla de atuendo bien estudiada de entre lo europeo y lo latino. No me salió mal.

En fin, en uno de mis viajes

a California y con parada en New York decidí quedarme un par de   días con el único objetivo de entrar en Studio 54.

La amiga que me acompaño, que todo hay que decirlo, estaba por aquel entonces bastante involucrada en la movida teatral neoyorkina, así que pienso que gracias a ella pude entrar. ¡Qué caray!

Aquella época fue del todo desmadrada. Y toma nota, apreciado lector, cuando anoto “desmadrada” lo digo en América.

Y, amigo mío, un desmadre a la americana es mucho desmadre.

De coca, alcohol y canutos hasta las cejas. De otro modo allí no habría modo de adaptarse.

Conste que en ese lugar había absolutamente de todo lo imaginable. Se puso de moda. Para la desgracia de muchos años más tarde.

Con el mogollón de gente famosa que te podías encontrar por allá…

Pero en tales estados de ebriedad casi que no te dan chance para hablar con nadie que no sea algún conocido tuyo.

No es porque la gente fuese antipática. Ni mucho menos. Todo lo contrario.

Fue debido a la dificultad con el idioma, a pesar de que lo chapurreo casi a la perfección, e insisto, el despanoche de to quisqui y siempre con el miedo y la alerta de no verte involucrado en una situación comprometida; pues iba algo timidón.

Sólo al principio. La verdad.

Después fue muy divertido aunque al día siguiente con el resacón casi que caigo preso en el aeropuerto.

¿Qué aspecto tendría? A saber…

Menos mal que en esos momentos no llevaba arriba ni un solo petardo. De no ser así, se me hubiese complicado y mucho el viajecito de las narices.

Increíble. Todo. Espectacular.

Ni una sola palabra de las que se apuntan en el documental extenso que adjunto es mentira. Todo es radicalmente cierto.

Así que para qué marear la perdiz más. ¿No te parece?

Desde luego que consta una anécdota. Mi vida está llena de ellas.

Conocí aquella noche a uno de mis ídolos: Al Pacino.

Un tipo muy simpático. En serio.

Aunque ante la tirada de tejos permanente a la periquita que me acompañaba y el colocón que el menda calzaba, opte por felicitarlo y bla, bla, bla. Luego, me quite del medio en compañía de aquella belleza.

Esto que escribo no lo hago con ánimo de criticar ni mucho menos censurar.

El hecho de que en la disco casi todo el mundo anduviese pasado de rosca era lógico. De lo más normal.

Allá se iba a festejar y no a comerse el coco.

También vi a otros muchos. Pero tras haberme quedado con la copla decidí meterme de lleno en fiesta y pasar de curiosear. Para qué.

En definitiva, pasé una noche enterita en Studio 54 y casi que apenas que me acuerdo de lo que hice.

Mal rollo. Pero así funcionaba la vaina.

Hoy incluyo en este post tres clips que me resultan los mejores en cuanto a lo que haya publicado sobre esta famosa  e irrepetible discoteca.

El primero con una muy buena selección de la música que allí se pinchaba. Estupenda.

El segundo con un extenso documental sobre Studio 54.

Y el tercero, pues una hora larga de música pinchada única y exclusivamente allí.

Para los nostálgicos y los que hayan conocido La Gran Manzana de aquella época seguro que le haré pasar un par de horas muy agradable.

Ese es el objetivo final que persigue todo buen bloguero: Entretener, formar e informar.

Nada más y nada menos.

Saludos a todos y gracias por vuestro soporte.

Amor - ricardo valdim

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La Vida de Buda

galería cubanito cuentacuentos
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“No creas en mis palabras por el solo hecho de yo haberlas dicho. Verifícalas por ti mismo. Sé tu propia luz”

Siddahartta Gautama – El Buda

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Me falta tiempo

malecon-por_la_tarde

26/05/2016 3:09:26

Me falta tiempo

Me encantaría poder tener más tiempo.

De hecho, hoy he decidido romper alguna de mis últimas normas.

Entre otras la de ejercitar estos menesteres a primera hora de la mañana.

Aunque lo que a mí en realidad me fascina es el ambiente de la noche.

La madrugada.

Desde muy joven.

Café (descafeinado), tabaco, alcohol, petardos y comida para tras muchas interrupciones lograr pegar una tecleada. Por orden o de modo aleatorio. Lo mismo da.

En compañía de mi inseparable radio.

Siempre, algún programilla que combine algo de conversación con música.

Y por favor, que la música sea buena. La mejor posible.

Es de noche cuando en realidad me surgen las ideas.

Pero no nos confundamos, amigos todos, la noche y valga la redundancia, confunde.

Quizá bajo los efectos de ciertas sustancias seas capaz de crear. De modo excepcional.

Pero por norma general, llegada la hora tarde de la noche has de estar agotado.

Y por lo tanto rendirás muy poquito por mucho que te pienses lo avanzado que llevas tu trabajo.

O por muy espabilado e inspirado que te sientas.

Seguro que acabas más liado que un trompo. Lógico.

A mi mente, de madrugada, acuden infinidad de pensamientos. Aunque para mi zozobra, la mayoría de las veces escapan de mi memoria al acto.

A no ser que tenga papel y lápiz a mano, y que casi nunca llevo.

Tampoco me adapto al uso del móvil y su conocido bloc de notas.

Ni siquiera estando en mi cubil sentado delante de la máquina o el teclado.

De madrugada soy un auténtico desastre.

¿Estaré envejeciendo?

Para nada. El alma nunca envejece.

Pero el cuerpo si- ¡Coño! Lo que a mí me sucede

En estos días en que ando algo lanzado, es por lo que pienso me falta tiempo.

Pero no es así. Simplemente ando algo desordenado.

Vaya, en estos mismos instantes escucho en un programa de radio discutir de marihuana. Lo que me faltaba. Y a estas horas. ¡Madre mía!

Justo en esta estación: http://esradio.libertaddigital.com/directo.html

Mientras prestaba atención a Ayanta en su programa Es.sexo

Tendré que cambiar de programa. Bueno, un poquito más…

Lo típico. Gente a favor y gente en contra.

Aunque también se toco el tema sexual. Esto no pinta tan mal…

Lo cierto es que la marihuana es muy peligrosa. Está demostrado.

Puede despertar en ti una esquizofrenia dormida. Y eso tiene muy mal arreglo.

Unos afirman que fumar yerba es muy bueno para la práctica sexual. Otro que no lo es en absoluto.

Por mi propia experiencia esta cuestión la resuelvo con una sola palabra: Depende.

Porque sí. Todo depende.

De cómo te pille el cuerpo para la ocasión. Estés fumado o no.

A veces me paro a pensar y me digo a mi mismo: -La de gilipolleces que tiene uno que escuchar. ¡Cojones!

Cuando eres joven todo vale. Es con el paso de los años cuando la vaina comienza a cambiar. Y ahí sí que te pasarán factura todos los excesos cometidos a lo largo de tu vida.

Aunque sigo insistiendo en que me falta tiempo.

¿Será debido a tanto tiempo perdido de mi propia vida?

No conseguiré más tiempo por intentar alargar el día con la seductora y engañosa madrugada.

El día seguirá teniendo veinticuatro horas igualmente.

Así que no lo haré más.

Este puede que sea mi último “ensayo de lo caótico”. Tal y como me definió un catedrático e investigador de biología y psicología de la Universidad de Málaga.

Los tiempos esos terminaron para mí.

Siempre te has de fijar en los grandes. Observarlos en su modo o disciplina de trabajo.

La inmensa mayoría de escritores consagrados que conozco no fallan a su cita matinal de tecleteo jamás.

Por citar sólo a tres: García Márquez, Hemingway y Vargas Llosa.

Y no será porque los tres han sido unos juerguistas y amantes de todo lujo. Pero nunca faltaban a su cita matinal con las letras.

Es al amanecer, cuando saludas al rey sol, que la fuerzo invade tu ser.

Esas cuatro a seis primeras horas del día son cruciales para ejercitar el arte de la creación. Sea de lo que sea.

Por eso insisto:

Me falta tiempo

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