Silencio

Tiene guasa eso del silencio. Pero tela.

Este verano a un par de chicas que conozco muy requetebién decidieron, muy entusiasmadas, apuntarse a un retiro de silencio.

Vaya, como quien se apunta a una rondita de cañitas y demás.

-No Julito, mira: Es que lo dirige una catedrática de y bla, bla, bla… Me aseguraba una de ellas. La impulsora. La inductora.

-Bueno, sólo les digo que ya he pasado por ésta en varias ocasiones y es un muermaZo de To Cuidao. Respondo en Andaluz Mu, pero que Mu clarito.

Podría detallar las mil y una razones que argumenté para que no fuesen al dichoso seminario. Sin embargo, la mujer cuando toma una decisión de tal calibre la lleva a cabo.

Paradójicamente y casi por las mismas fechas yo iba al encuentro con mi gran amigo Javi y Fernando Sánchez Dragó. Allá, por las lejanas tierras de Numancia. Así, que decidimos dejar el tema para nuestro regreso.

Pasan los días y demás. Los tres hemos regresado de nuestra aventura. La mía, al menos.

-¿Qué tal el retiro? Fue mi primera lanzada nada más verlas.

-Buaf. Que mal rollo. Además, la que dirigía el cotarro está loca. Vaya, fulanita (la otra) que es psicóloga se dio cuenta nada más verla. Me lanza menganita. Ya sabéis, la amiga de fulanita.

-Pero, lograsteis estar en total silencio total. Insistí.

-Sí. Sí. A tope. Saltaron las dos al mismo tiempo.

-Que va. No me lo puedo creer. Explicaos.

-Bueno, pues por la mañana todas bajábamos al salón de la casa. Ya sabes que a donde fuimos fue a una casa que ni siquiera estaba en El Escorial. Lo que nos costó dar con el sitio. No te puedes hacer a la idea.

-Está bien. –sigo- Bajaban todas al salón. ¿En silencio o hablando? Supongo que al menos habéis tenido a una persona que os guiase en ese aspecto.

-Sí. Sí. Pero déjame que termine lo que antes te quería decir. Para empezar, de frío nada de nada. Pasamos un calor de asfixia. Se notaba que había muchas colgadas. Eso se ve a leguas.

-¡Otra vez!- con un mosqueo del quince arriba – Quiero que me cuentes si fueron capaces tantas mujeres juntas, de estar calladas al menos unos instantes.

-Oye. Que tampoco es para que te pongas así Julito. ¿A que no te cuento nada. Me amenaza.

-No mujer- aflojando mi tono – Es que tengo una real curiosidad por saber si lo lograste o no.

-En fin, el taxista nos metió un clavo de todo cuidado. Pero a lo que iba: Después de desayunar, nos íbamos todas juntas a meditar en otra habitación. El primer día se marcó, la maestra, una meditación que estoy segura que iba por y para ella.

-¿Cómo? Pregunto intrigado.

-En realidad no sabría cómo explicarte. Lo único que te puedo asegurar es que en el ejercicio que nos propuso yo me centré en mirarla fijamente y con mala cara. No pudo resistir mi mirada. Se levantó repentinamente y salió disparada del cuarto.

-Eres una pasada menganita. Si yo soy el profe te expulso de la clase. Y sigues sin dar respuesta a mi pregunta.

-Es que no me dejas. No paras de interrumpirme. Yo, o te lo cuento todo desde el principio, o no te cuento nada. Mira: ¿Te gusta el bolso que llevo?

En esta ocasión, ni me pronuncio. Doy una larga callada por respuesta y ella sigue.

-No te fijas en nada. Por eso no me gusta contarte nada. Este bolso que llevo me lo compré en Madrid. Por cierto, todo está carísimo en Madrid. Me cobraron en una terraza cuatro euros por una cerveza y de pincho, ni por asomo. Está muy cambiado Madrid.

-Por última vez: ¿Qué pasó con el silencio? Increpo.

-Jolines. Que “pesao” eres. Pues claro que estuvimos en silencio. El rato de la meditación estábamos en silencio y al terminarla, cuando salíamos al jardín, comentábamos al respecto. Recuerdo que en cierta ocasión, una de ellas se nos acerco y dijo: Uf, que bien me ha sentado esto. Buen rollito, ¿verdad? La pobre, esa sí que está colgada.

¿Te puedes creer, apreciado lector, que éste no fue más que el principio de una casi inacabable historia?

No cabía otra explicación: este par jamás estuvo en silencio. Ni el resto de sus compañeras de seminario.

Estar en silencio es una de las tareas más arduas de lograr en la sociedad actual.

Sencillamente sólo os voy a dar un ejemplo:

Si haces uso de la famosa aplicación en los móviles del what,s up; puede que estás callado durante horas, pero nunca en silencio.

¿Me sigues?

Saludos a todos y gracias por vuestro soporte.

 

 

Javi Axia y yo

La Quinta Estación – Recuerdame Dueto Marc Antony Sin Frenos

 

Tara%20Verde_3

La frase tonta de la semana

Adios Tribeca  o Gema, o mi perdida esmeralda

 

om8