61 + 1 = 62

sobre el paso de mis sesenta y uno a los sesenta y dos

galería cubanito cuentacuentos
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Un año ya  (al final viene la enseñanza…)

Hace poquito que prometí escribir algo sobre mí.

Cuento este que romperá la normativa de prometer y apenas cumplir.

Se dice, se comenta y hasta se asegura por ahí que soy muy olvidadizo…

Aunque esas son las malas lengüillas. Que hacen mucho daño.

En cualquier caso de ésta sí que no me debo, ni tampoco puedo olvidar.

Hoy se cumple un año del que precisamente fuere el más tremendo de los que hubiere cumplido antes en toda mi vida.
Hoy celebro y agradezco la entrada en los sesenta y dos.

¡Feliz cumpleaños, Julio Antonio!

Lo hago con júbilo.

Lo hago con mucho agradecimiento.

Ya me han felicitado un buen número de personas. Hasta Google lo ha hecho. Bueno, sus robots. Qué miedo.
Hoy festejaré de modo muy sencillo y no cómo en otras ocasiones en las que como se suele decir, echas la casa por la ventana.

No tengo muchas ganas de berbena este año. He de admitirlo.

Y eso que a mí el verano en Málaga, mi adorada Málaga, me alborota.

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De siempre.

Así mismo sucedía poco antes de mi cumpleaños el pasado año.

Era del todo consciente de que algo no podía ir bien.

A cada día que pasaba me sentía mucho peor.

Sobre todo por la noche; en que súbitamente me entraban unos escalofríos tremendos.

Se me erizaban los pelos y en muchas ocasiones la dentadura me hacia tatarata. El tembleque febril. Ya saben.

Lo solucionaba a golpe de manta, paracetamol y alguna que otra cosilla +

Incluso es que hacía como que hace un par de años que no me venía sintiendo bien.

Mi doctora de cabecera sentenciaba:

  • Mira Julio, mientras no dejes de fumar y beber no te mando hacer ninguna prueba.

Y yo seguía fumando y bebiendo, y escribiendo, y procurando sentirme mejor. Pero nafti de plasti.

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El drama tuvo como punto de partida unas dichosas pastillitas para regular la tensión, pues soy hipertenso, que me traían por la calle de la amargura debido a un casi insoportable picor en la garganta que me provocaba una horrible y constante tos.

O sea, que esta matraquilla y que mi doctora achacaba a mis, definidas por unos como malas costumbres y otros como alegría de vivir, duró poco más de un año.

Todo comenzó, a decir verdad, casi que un par de años antes.

¡Dios mío!

Dos años de sufrimiento y grave enfermedad pulmonar que me pudo evitar su obstinada actitud; qué no decir de la mía. Parecía como si estuviésemos echando un pulso de a ver quien aguanta más. Eso sí que es flipar. Y por un tubo.

Por fortuna tenía algo de lanilla para asistir a  Eleusis.

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julio d castro & el dragón

Llevaba años detrás de poder hacer una visita personal a mi ya buen amigo y maestro Fernando Sánchez Dragó.

No podía dejar escapar esta ocasión.

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Nunca se sabe. Hay veces que algún deseo que añoras conseguir en tu vida, se cruza ante ti de modo sutil y fugaz.

Puede que si dudas un solo instante lo pensado pase a un segundo plano y hasta olvidarlo puedas.

No me lo pensé.

Consulté a mi llevador de cuentas a ver si me podía permitir aquel viajecito.

Pues sí.

Pude.

Incluso repetí una vez más antes del “crujío”.

La aventura eleusina en Soria fue maravillosa.

Mi primera visita, tanto a la capital  como al pueblo donde, a modo de gurú, pasa la mayor parte del verano y largas temporadas: Castilfrío.

Un pueblo de Castilla – León de sólo cien habitantes. Una maravilla.

Para todo aquel que le guste tanto aislamiento.

También estuve residiendo muchos años en La Alpujarra Granadina y si bien los pueblos esos diminutos son preciosos en las postales; o eres un pez muy gordo, o tienes la vida muy resuelta y es el estilo de vida que has optado por seguir o te mueres de asco.

Seguro.

En cualquier caso haber sido huésped de Fernando ha supuesto una de mis alegrías más grandes. Creo que valió la pena.

Al igual que la vista a Almagro.

Sólo el hecho de haber visto la interpretación teatral de la obra de Moliere titulada “Medico a palos” allí mismo donde se representaba siglos atrás, me lleno los pulmones de historia.

Y pienso yo que también del polvo necesario que casi me dejara sin respirar.

A los pocos días de mi viajecito por Almagro tuve que ingresar de urgencias en Carlos Haya (Málaga)

Recuerdo que ya no podía más.

La fiebre no me bajaba y yo seguía empeñado en que mi médica fuese la que me diese el volante de ingreso urgente en el hospital.

A pesar de los pesares y de un poco de mala gana ordenó una radiografía.

Al rato, advertí su cara de preocupación. Se la veía sintiendo algo de culpa.

Cambió de tono al dirigirse de nuevo a mí:

-En fin Julio, ahora te coges un taxi y te vas derechito a urgencias de Carlos Haya. Mira, tienes una neumonía y necrosis pulmonar bastante avanzada de carácter muy grave. Pero no te preocupes, te van a atender inmediatamente. Llevo tiempo diciéndote que fueses. Que no había necesidad de volante alguno.


Le pongo la pelota en el tejado. Lo siento.

Nunca entenderé ese empeño en que fuera por mí mismo a urgencias y no indicado por ella.

Jamás dudo de la buena fe de los médicos. Pero sí de su capacidad de discernir entre la personalidad de un paciente y otro. Del que oculta síntomas y del que no lo hace.

Más aún cuando se trata de un paciente de más de diez años y trato continuado.

Desde luego que me atendieron al acto. Me saltaron en la lista en la buena medida de sus posibilidades. No era el único francamente jodido. Aunque también los había sin una necesidad primaria para nada.

Más adelante sería consciente de una vez y por todas de la  real gravedad de mi situación.

Riñones bloqueados, marcadores hepáticos por las nubes, el azúcar disparada y sin poder respirar además de complicaciones severas de orden intestinal y digestivo. .

Todo un cuadro. Todo un desajuste corpóreo. Puede que hasta mental. Inclusive.

De cuando en cuando se me va algo la pinza. Lo admito.

Apenas podía andar.Me ahogaba a los varios pasos.

Pero no me bastó con experimentar tanto malestar. Hasta me quería ir de hospital bien prontito.

Pasé aquella noche semiinconsciente. Más del lado de allá que del de acá.

A la mañana siguiente y ante mi demanda de alta hospitalaria, la doctora me increpó:

-Mire usted Julio, se está muriendo. ¿No se quiere enterar?

feliz y moribundo 61
galería cubanito cuentacuentos – Entre la vida y la muerte, y celebrando –

-Pues yo no me siento tan mal. Respondí.

-Pues sí que lo está. Y tanto, que hasta lo voy a someter a cuarentena y aislar sin permiso de visita alguno. Sólo su hijo, que según me dijo, está viviendo y en permanente contacto con usted estará autorizado a entrar a verle en todo momento.

El resto de las personas, a cuenta gotas y con marcarilla. ¿Entendido?

Y a pesar de los pesares, yo seguía en mi despiste:

galería cubanito cuentacuentos (…  yo seguía en mi despiste…)

-Pues mire doctora, si esto que me está pasando es que me muero, firmo inmediatamente.

Al acto nos partimos de la risa. Tanto que me tuvo que administrar más oxigeno. Qué chiste. ¿Verdad?

Desde ese mismo instante mi mente comenzó a bullir.

Pasó por mi mente eso de llegar a viejo…

Me identifico plenamente con los pensamientos que nos expresa Serrat.

El gran poeta catalán de mi generación.

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No soy escritor

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galería-julio(un colega)

No soy escritor

O sí. No lo sé. Vamos a ver:

Se supone que todo aquel que escribe, ya lo haga mejor o peor, lo es.

Sobre todo, el que alguna vez haya sido capaz de publicar algún trabajito que otro.

Ese es mi caso.

En este espacio pienso ir colgando poco a poco lo citado.

He logrado escribir cuatro libros y algunos artículos por aquí, allá o acullá. No importe el sitio, sino el hecho.

Como escritor bloguero no me puedo quejar, ya que mis blogs, sobre todo, en los años del boom bloguero superaron con creces las cifras de seis ceros en número de visitas.

Incluso, obtuve beneficios. Pocos. Pero ganancias al fin y al cabo.

Y a pesar de todo sigo afirmando que no soy escritor.

Este cuento se remonta a muchos años atrás. Justo cuando decidí dedicarme a este grato a la vez que desagradecido trajín.

Prestando mis servicios profesionales en una editorial como delegado provincial en Almería, mi jefe me propuso escribir un cuento.

Siempre tuve vocación literaria. Pero hasta aquel preciso momento no decidí comprometerme.

Y lo hice. Vaya que si lo hice.

Abandoné toda actividad comercial. Poca cosa he venido haciendo desde entonces. Lo justo para ir tirando.

Hace muchos años comprendí que no hace falta tanto. Que es uno mismo, tras haber alcanzado metas, quien se impone las siguientes. Y así, hasta nunca más acabar.

Decidí aparcarme o atracar en el que para mí sería el último o primer, nunca se sabe, puerto: La Alpujarra Granadina.

Bellísima comarca del sur de España. Mucho frío. Demasiado para mí. Pero un lugar ideal para comenzar la ardua labor de conocerse a sí mismo.

La montaña. La altitud. La nieve. El espantoso a la vez que fascinante silencio. El aislamiento. El retiro. La encrucijada.

En permanente conversación con tu yo más profundo.

Ha sido largo el recorrido. Hasta ahora. Aún me queda aún mucho por recorrer.

Pero a lo que iba, apreciado lector.

Jamás he sido capaz de redactar ni tan siquiera un folio en dirección a la narrativa infantil y juvenil.

Insisto. Ni un par de puñeteras frases.

Considero que todo aquel que tenga la imaginación de escribir un cuento infantil es lo más. Llegar al alma de un niño es lo superior.

Recuerden a Gloria Fuertes. A nadie le gustaba. Pero a los niños sí. Ahí radica la diferencia.

Y yo que me autodenomino un cuentacuentos, nunca fui capaz de inventarme uno. Mis cuentos son todos basados en experiencias vividas o conocidas de terceros.

Es por eso que creo que aún no soy escritor.

Por ese detallito. Nada más…

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Saludos a todos y gracias por vuestro soporte

 

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