Stupa

stupa de O.Sel.Ling – galería cubanito cuentacuentos

La primerísima vez en mi vida que tope con una estupa fue hace más de veinte años.

Aquello sucedió en un bello paraje de La Alpujarra Granadina y española, y mundialmente conocido de todos los budistas como El Monasterio de Osel u O.Sel.Ling.

Osel fue el niño español reconocido como la mismísima reencarnación de Lama Yeshe. Primer gran difusor del budismo tibetano en Occidente.

Ya hombre.

Osel – galería cubanito cuentacuentos

Fui a parar allí por pura casualidad.

Tuve que subir a lo alto de una loma.

otro día – subiendo la loma – galería cubanito cuentacuentos

Muy arriba.

Unos dos mil metros de altitud.

Un frío que pelaba.

Y eso que fui en Octubre.

Desde muy joven me fascinaron las culturas orientales.

Desde que los Beatles se fueron a la India, aquello se convirtió en uno de mis objetivos.

Nunca lo llevé a cabo.

Me basto con casi lo mismo.

La Sierra Alpujarreña Granadina y española es lo más parecido al Tíbet que probablemente exista en el mundo entero.

Dicho por los lamas coleguitas míos.

Recuerdo que sólo pregunte a un anciano amigo mío del pueblo de Pitres. Eduardo el del estanco. Así se le conocía.

Un verdadero pequeño gran hombre. Muy sencillo.

Hice negocios con él. No me fue nada mal.

También me indicó que aquel lugar, O.Sel.Ling, era muy interesante. Que a pesar de él no haberlo visitado nunca, sabía que lo era.

o. sel. ling. – galería cubanito cuentacuentos

Su hijo, Ángel Jesús (creo recordar) y alcalde de Pitres por aquel entonces, vino de Japón e instaló una sucursal de la fábrica de zapatillas de ballet más importante del mundo. Japonesa.

En Pitres.

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Era muy conocedor sin haberse, desplazado nunca, de la cultura japonesa. Lo más en Oriente.

Hasta tofú comía el viejo.

Así que subí a la altura. Peregriné.

Iba con mi bóxer. Compañero inseparable durante años.

Muy bien adiestrado.

Me cuidaba.

Me protegía.

Lo necesitaba.

De nuevo me veo limitado en el número de palabras.

Sigo:

Llegué, como antes anoté, de pura casualidad.

Pero a la vez quede prendado por tan maravillo y desconocido espectáculo para mí.

Había un monje, con el cual y más adelante forjaría una gran amistad. Y otro hombre.

El paisaje casi indescriptible.

lama yeshe – galería cubanito cuentacuentos

Siempre he sido malo en estos menesteres. Veamos:

Era por otoño.

Las hojas estaban ya de color marroncillo y caídas por los suelos.

Sin embargo la Estupa estaba meticulosamente cuidada y rodeada de bonitas flores de todos los colores.

Y este monje y aquel hombre, con aspecto muy apesadumbrado, no cesaban de dar vueltas en el sentido de las agujas del reloj alrededor de ésta.

Yo, muy tímido y en silencio, no paraba de observar tan novedosa situación para mí.

Llegó el monje.

Juan, el monje, me pregunto:

– ¿Necesitas algo?

-No exactamente – le contesté – Sólo vengo de visita. Me han dicho…

Y me interrumpe:

-Sigue el caminito hacia el cortijo y pregunta por una monja que se llama Inga.

Recorrí aquel senderito algo mosca.

De repente tropecé con los malhumorados perritos tibetanos del lama residente y menos mal que Morro, mi perro, era muy educado y los ignoró.

Menos mal.

He visto a mi perro partir el cuello a otro por tocarle un poquito eso que se conoce como “pelotas”

Aquel día jamás lo podré olvidar.

Aquel día conocí a Inga.

Sin lugar a dudas mi gran maestra.

La que me inicio en este largo camino al que según muchos he regresado.

Dieron comienzo mis retiros de silencio simulado. Siempre he llevado como mínimo la radio conmigo, sino todo un equipo de música. No lo puedo evitar. Y qué decir del avituallamiento.

En ese sentido soy occidental al cienc por ciento.

También comenzaron mis enseñanzas.

gompa – enseñanzas en o sel ling – galería cubanito cuentacuentos

Largas.

Repetitivas.

Casi interminables.

No en balde soy profesor de budismo. O mejor dicho, “buda teacher”.

Aunque no ejerzo.

No me considero capaz.

O quizá sea mi ego exageradamente acentuado.

No lo sé.

Veremos.

Desde aquel primer día quede atrapado por tan exóticos procederes y pensamiento.

Me explicaron en muchas ocasiones que había regresado y no encontrado a nadie ni nada.

Nada más,  partí en vidas anteriores y he decidido regresar a la shanga laica del mundo kagyupa.

A pesar de tener una formación gelupa al cien por cien, estoy vinculado por karma a los linajes nigma y kagyu.

Y un olvido:

La Stupa es con toda seguridad el símbolo más significativo del budismo.

Es  más larga la explicación.

Por eso te facilito este enlace:

Y este otro:

Estupa

La Stupa es el lugar más indicado para intentar alcanzar realizaciones.

Como antes anoté, se puede charlar inclusive mientras vas dando vueltas alrededor de ella en el sentido de las agujas del reloj.

A mí, en particular, siempre me gustó más el modo católico empleado por grandes pensadores.

O sea, caminar en línea recta atrás y adelante.

O simplemente pasear.

Con la mirada algo baja e inmerso en tu pensamiento sutil y profundo.

Así, más o menos, soy yo.

En otro día o mejor ocasión sigo.

He aquí pues el mantra del amor y de la compasión.

El primero que me fue transmitido.

Fue Inga. La monja escandinava.

La mejor.

Om Mani Padme Hum

Saludos a todos y gracias por vuestro permanente soporte.

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julio d castro – galería cubanito cuentacuentos
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61 + 1 = 62

sobre el paso de mis sesenta y uno a los sesenta y dos

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Un año ya  (al final viene la enseñanza…)

Hace poquito que prometí escribir algo sobre mí.

Cuento este que romperá la normativa de prometer y apenas cumplir.

Se dice, se comenta y hasta se asegura por ahí que soy muy olvidadizo…

Aunque esas son las malas lengüillas. Que hacen mucho daño.

En cualquier caso de ésta sí que no me debo, ni tampoco puedo olvidar.

Hoy se cumple un año del que precisamente fuere el más tremendo de los que hubiere cumplido antes en toda mi vida.
Hoy celebro y agradezco la entrada en los sesenta y dos.

¡Feliz cumpleaños, Julio Antonio!

Lo hago con júbilo.

Lo hago con mucho agradecimiento.

Ya me han felicitado un buen número de personas. Hasta Google lo ha hecho. Bueno, sus robots. Qué miedo.
Hoy festejaré de modo muy sencillo y no cómo en otras ocasiones en las que como se suele decir, echas la casa por la ventana.

No tengo muchas ganas de berbena este año. He de admitirlo.

Y eso que a mí el verano en Málaga, mi adorada Málaga, me alborota.

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De siempre.

Así mismo sucedía poco antes de mi cumpleaños el pasado año.

Era del todo consciente de que algo no podía ir bien.

A cada día que pasaba me sentía mucho peor.

Sobre todo por la noche; en que súbitamente me entraban unos escalofríos tremendos.

Se me erizaban los pelos y en muchas ocasiones la dentadura me hacia tatarata. El tembleque febril. Ya saben.

Lo solucionaba a golpe de manta, paracetamol y alguna que otra cosilla +

Incluso es que hacía como que hace un par de años que no me venía sintiendo bien.

Mi doctora de cabecera sentenciaba:

  • Mira Julio, mientras no dejes de fumar y beber no te mando hacer ninguna prueba.

Y yo seguía fumando y bebiendo, y escribiendo, y procurando sentirme mejor. Pero nafti de plasti.

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El drama tuvo como punto de partida unas dichosas pastillitas para regular la tensión, pues soy hipertenso, que me traían por la calle de la amargura debido a un casi insoportable picor en la garganta que me provocaba una horrible y constante tos.

O sea, que esta matraquilla y que mi doctora achacaba a mis, definidas por unos como malas costumbres y otros como alegría de vivir, duró poco más de un año.

Todo comenzó, a decir verdad, casi que un par de años antes.

¡Dios mío!

Dos años de sufrimiento y grave enfermedad pulmonar que me pudo evitar su obstinada actitud; qué no decir de la mía. Parecía como si estuviésemos echando un pulso de a ver quien aguanta más. Eso sí que es flipar. Y por un tubo.

Por fortuna tenía algo de lanilla para asistir a  Eleusis.

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julio d castro & el dragón

Llevaba años detrás de poder hacer una visita personal a mi ya buen amigo y maestro Fernando Sánchez Dragó.

No podía dejar escapar esta ocasión.

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Nunca se sabe. Hay veces que algún deseo que añoras conseguir en tu vida, se cruza ante ti de modo sutil y fugaz.

Puede que si dudas un solo instante lo pensado pase a un segundo plano y hasta olvidarlo puedas.

No me lo pensé.

Consulté a mi llevador de cuentas a ver si me podía permitir aquel viajecito.

Pues sí.

Pude.

Incluso repetí una vez más antes del “crujío”.

La aventura eleusina en Soria fue maravillosa.

Mi primera visita, tanto a la capital  como al pueblo donde, a modo de gurú, pasa la mayor parte del verano y largas temporadas: Castilfrío.

Un pueblo de Castilla – León de sólo cien habitantes. Una maravilla.

Para todo aquel que le guste tanto aislamiento.

También estuve residiendo muchos años en La Alpujarra Granadina y si bien los pueblos esos diminutos son preciosos en las postales; o eres un pez muy gordo, o tienes la vida muy resuelta y es el estilo de vida que has optado por seguir o te mueres de asco.

Seguro.

En cualquier caso haber sido huésped de Fernando ha supuesto una de mis alegrías más grandes. Creo que valió la pena.

Al igual que la vista a Almagro.

Sólo el hecho de haber visto la interpretación teatral de la obra de Moliere titulada “Medico a palos” allí mismo donde se representaba siglos atrás, me lleno los pulmones de historia.

Y pienso yo que también del polvo necesario que casi me dejara sin respirar.

A los pocos días de mi viajecito por Almagro tuve que ingresar de urgencias en Carlos Haya (Málaga)

Recuerdo que ya no podía más.

La fiebre no me bajaba y yo seguía empeñado en que mi médica fuese la que me diese el volante de ingreso urgente en el hospital.

A pesar de los pesares y de un poco de mala gana ordenó una radiografía.

Al rato, advertí su cara de preocupación. Se la veía sintiendo algo de culpa.

Cambió de tono al dirigirse de nuevo a mí:

-En fin Julio, ahora te coges un taxi y te vas derechito a urgencias de Carlos Haya. Mira, tienes una neumonía y necrosis pulmonar bastante avanzada de carácter muy grave. Pero no te preocupes, te van a atender inmediatamente. Llevo tiempo diciéndote que fueses. Que no había necesidad de volante alguno.


Le pongo la pelota en el tejado. Lo siento.

Nunca entenderé ese empeño en que fuera por mí mismo a urgencias y no indicado por ella.

Jamás dudo de la buena fe de los médicos. Pero sí de su capacidad de discernir entre la personalidad de un paciente y otro. Del que oculta síntomas y del que no lo hace.

Más aún cuando se trata de un paciente de más de diez años y trato continuado.

Desde luego que me atendieron al acto. Me saltaron en la lista en la buena medida de sus posibilidades. No era el único francamente jodido. Aunque también los había sin una necesidad primaria para nada.

Más adelante sería consciente de una vez y por todas de la  real gravedad de mi situación.

Riñones bloqueados, marcadores hepáticos por las nubes, el azúcar disparada y sin poder respirar además de complicaciones severas de orden intestinal y digestivo. .

Todo un cuadro. Todo un desajuste corpóreo. Puede que hasta mental. Inclusive.

De cuando en cuando se me va algo la pinza. Lo admito.

Apenas podía andar.Me ahogaba a los varios pasos.

Pero no me bastó con experimentar tanto malestar. Hasta me quería ir de hospital bien prontito.

Pasé aquella noche semiinconsciente. Más del lado de allá que del de acá.

A la mañana siguiente y ante mi demanda de alta hospitalaria, la doctora me increpó:

-Mire usted Julio, se está muriendo. ¿No se quiere enterar?

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galería cubanito cuentacuentos – Entre la vida y la muerte, y celebrando –

-Pues yo no me siento tan mal. Respondí.

-Pues sí que lo está. Y tanto, que hasta lo voy a someter a cuarentena y aislar sin permiso de visita alguno. Sólo su hijo, que según me dijo, está viviendo y en permanente contacto con usted estará autorizado a entrar a verle en todo momento.

El resto de las personas, a cuenta gotas y con marcarilla. ¿Entendido?

Y a pesar de los pesares, yo seguía en mi despiste:

galería cubanito cuentacuentos (…  yo seguía en mi despiste…)

-Pues mire doctora, si esto que me está pasando es que me muero, firmo inmediatamente.

Al acto nos partimos de la risa. Tanto que me tuvo que administrar más oxigeno. Qué chiste. ¿Verdad?

Desde ese mismo instante mi mente comenzó a bullir.

Pasó por mi mente eso de llegar a viejo…

Me identifico plenamente con los pensamientos que nos expresa Serrat.

El gran poeta catalán de mi generación.

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La Vida de Buda

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“No creas en mis palabras por el solo hecho de yo haberlas dicho. Verifícalas por ti mismo. Sé tu propia luz”

Siddahartta Gautama – El Buda

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