LA FRASE TONTA DE LA SEMANA

Ambos, se amaron. Cada cual, experimentaba un sentimiento diferente. Pero, a la vez, eran conscientes de que lo suyo era imposible.

Decidieron dejarlo. Aparcar, aquella bonita experiencia en el recuerdo.

Sucedió, algo así que como un par de años antes. Repentinamente. Espontáneamente. Digamos, que por mera casualidad. Pero, fue tan fuerte aquel cruce de miradas que los dos quedaron atrapados por una incomprensible seducción.

Entre ellos, se instrumentó una atracción mutua que los condujo de modo automático a encontrar una excusa sólo para intercambiar algunas palabras.

Sin embargo, de aquel insignificante e inocente hecho pasaron a no dejar un solo momento de estar juntos. E, incluso, llegar a más…

Coincidieron en algún lugar lejano de la Costa Mediterránea. En un sitio, donde se suelen retirar las personas a meditar. A resolver conflictos internos muy personales. Curioso, ¿verdad?

Es así como suceden este tipo de encuentros. Y, del mismo modo, sobrevienen los desencuentros. Porque, si fueron para resolver problemas íntimos con sendas parejas, sería del todo ilógico pues que se enredaran en otra relación.

Una relato de lo más común. Es, lo más extraordinario que encuentro en el mismo.

Él, era muy sabedor de que al irse todo seguiría igual. Nada cambiaría. Pero, se equivocó.

Pasado el tiempo, no pudo nunca borrarla de su memoria.

Aunque, ella tampoco.

Tuvo conocimiento de ello por mediación de una amiga común.

Éstas, fueron sus palabras:

-Ella, desde que tomasteis la decisión lo ha pasado fatal y aún sigue enamorada de ti. ¿Porqué no la llamas?

Él, optó por guardar silencio.

Sabía, que con el pasar del tiempo lo olvidaría. Intuía, que si se ponía en contacto con ella sólo sería para hacerla sufrir todavía más. Él, prefirió dejarlo pasar.

A fin de cuentas, era un egoísta y no quería ningún tipo de compromiso.

Primero, la ilusiona. Y, transcurridos los días lo único que se le ocurrió argumentarse a sí mismo para no continuar una relación recién iniciada y prácticamente inexistente, fueron estas estúpidas palabras:

-¿Qué finalidad tendría mi llamada? Tan sólo decirle aquella frase tonta: Sé que todo seguirá como si nada cuando me vaya… Siempre, estarás mejor sin mí. No soy lo que te mereces…

Y al final, todo quedó en el recuerdo…

 

 

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Autor: julio d castro

Soy El Cubanito cuentacuentos. Se me conoce algo por la casi infinita blogosfera. Espero te guste mi pequeño mundo y espacio virtual.

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