Fernando Sánchez Dragó

Provocador. Pedante. Para unos, insoportable. Para otros, El Insigne.

En estos últimos días, de nuevo, ha formado un buen revuelo. Una de sus especialidades. Pero, a los genios o los aceptas tal y como son, o mejor pasar de ellos.

Si, has llegado a conocerlo personalmente, sueles llevarte una sorpresa. Es, una persona sencilla, agradable, muy comunicador y por encima de todo siempre sonriente.

Transmite mucha bondad, a la vez que indiscutiblemente sabiduría.

Vaya pues, por el Dragó pecador y por añadidura: -Todo aquel libre de pecado que tire la primera piedra.

Los clips que siguen, pueden dar una idea más general de lo polémico de este personaje. Y, que no sé como se las ingenia; aunque lo cierto es que siempre está en el ojo del huracán y no hay año que transcurra sin que sepamos a bombo y platillo sobre su persona.

LA FRASE TONTA DE LA SEMANA

Ambos, se amaron. Cada cual, experimentaba un sentimiento diferente. Pero, a la vez, eran conscientes de que lo suyo era imposible.

Decidieron dejarlo. Aparcar, aquella bonita experiencia en el recuerdo.

Sucedió, algo así que como un par de años antes. Repentinamente. Espontáneamente. Digamos, que por mera casualidad. Pero, fue tan fuerte aquel cruce de miradas que los dos quedaron atrapados por una incomprensible seducción.

Entre ellos, se instrumentó una atracción mutua que los condujo de modo automático a encontrar una excusa sólo para intercambiar algunas palabras.

Sin embargo, de aquel insignificante e inocente hecho pasaron a no dejar un solo momento de estar juntos. E, incluso, llegar a más…

Coincidieron en algún lugar lejano de la Costa Mediterránea. En un sitio, donde se suelen retirar las personas a meditar. A resolver conflictos internos muy personales. Curioso, ¿verdad?

Es así como suceden este tipo de encuentros. Y, del mismo modo, sobrevienen los desencuentros. Porque, si fueron para resolver problemas íntimos con sendas parejas, sería del todo ilógico pues que se enredaran en otra relación.

Una relato de lo más común. Es, lo más extraordinario que encuentro en el mismo.

Él, era muy sabedor de que al irse todo seguiría igual. Nada cambiaría. Pero, se equivocó.

Pasado el tiempo, no pudo nunca borrarla de su memoria.

Aunque, ella tampoco.

Tuvo conocimiento de ello por mediación de una amiga común.

Éstas, fueron sus palabras:

-Ella, desde que tomasteis la decisión lo ha pasado fatal y aún sigue enamorada de ti. ¿Porqué no la llamas?

Él, optó por guardar silencio.

Sabía, que con el pasar del tiempo lo olvidaría. Intuía, que si se ponía en contacto con ella sólo sería para hacerla sufrir todavía más. Él, prefirió dejarlo pasar.

A fin de cuentas, era un egoísta y no quería ningún tipo de compromiso.

Primero, la ilusiona. Y, transcurridos los días lo único que se le ocurrió argumentarse a sí mismo para no continuar una relación recién iniciada y prácticamente inexistente, fueron estas estúpidas palabras:

-¿Qué finalidad tendría mi llamada? Tan sólo decirle aquella frase tonta: Sé que todo seguirá como si nada cuando me vaya… Siempre, estarás mejor sin mí. No soy lo que te mereces…

Y al final, todo quedó en el recuerdo…

 

 

Behind Blue Eyes

Un lustro atrás, por fortuna, Fernando topó con una bella mujer de ojos azules y larga cabellera rubia.

Curiosamente, de apodo: Tribeka. Aunque su nombre real: Gema.

Y, aquello exactamente fue lo que supuso tal acontecimiento para mi buen amigo Fernando. O sea, encontrar sin buscar una preciada piedra preciosa.

No obstante, aquel encuentro duró poco. A veces, la felicidad es fugaz aunque a la vez tan intensa que nunca jamás se llega a olvidar.

Del mismo modo que Tribeka se cruzó en el camino vital de Fernando, ésta desapareció. O, mejor dicho, ambos así lo decidieron. A modo de pacto silencioso. Cada uno, por su lado, estaba comprometido.

Ninguno albergaba la intención de hacer daño a terceros. Optaron por sacrificar su felicidad en beneficio de otros que para ellos sólo supondría sufrimiento.

Él, jamás recuperó la alegría. Ella, tampoco.

A él, todos sus amigos le comentaban: -Has dejado de reir como antes. Con lo alegre y parlanchin que eras. Y, por respuesta sólo alcanzaba a responder con una sonrisa.

A ella, sin embargo, todas sus amigas le preguntaban: -¿Qué tristeza escondes tras tus bellos ojos azules-? -Viejos y bonitos momentos- replicaba- que nunca se repetirán.