Soñé contigo…

Ayer, de nuevo, acudió a mi alocada y excéntrica mente.

¿Qué o quién?:

¡Ella!

Ahora, redacto estas líneas aún a sabiendas de que nunca las leerá. Más todavía: ni tan siquiera lo conformaría.

Para mí, hubo de pasar bastante tiempo. Puede, que demasiado. Quizá, de modo desmedido. Qué se yo.

Sólo, admito que a mi edad y deslumbrado por su lozanía, de paso, me condujo a recordar los años de la mía.

Me resultó duro y muy cruel, descubrir que lo mío con ella, ilusión hecha mujer, únicamente fue una paradisíaca fantasía.

La hice mía. Perdí la cordura. Quedé, atolondrado por su personalidad. Por su belleza.

Y lo más gracioso: ni tan siquiera le consulté. O comenté, o compartí. Vaya, no hubo un simple cambio de impresiones al respecto. Nada.

Jamás, me pronuncié. Fui, un cobarde. Un inseguro. Un tonto.

Sin embargo, ¿no sería el viejo que cohabita dentro de mí quien apuntaba?:

– ¿Pero, no ves que podrías ser su padre? ¿No reparas en el ridículo? ¿No reconoces tus propias quimeras? ¡Eres, decididamente un estúpido anticuado con especulaciones de joven enamorado!

A pesar de todo, la respuesta a mis elucubraciones fue esta:

-Sin embargo, no son figuraciones mías. Lo nuestro fue real. Nos entregamos, el uno al otro, desmedidamente durante quince días de nuestras vidas. Sin decírnoslo. Sin mediar palabra alguna al respecto.

 Aunque, con la mirada, nos repetíamos una y otra vez:

– ¡Te quiero! Qué tarde nos hemos conocido. Qué diferencia de edad la nuestra.

 Pero, qué felices y bien nos sentimos el uno al lado del otro.

De nuevo, mi yo interno, ése que a todos y todo nos apunta, insistía:

– Pero, por qué no admites de una vez y por todas la realidad. Estás inmerso en una relación veraz aunque imposible. Ella tiene su vida y tu la tuya. Más aún: Ella tiene todo un futuro por delante. Y tú, cretino, ya tienes el reloj viotal, sí, el que nunjca se detiene, en la cuenta atrás. Eres un necio.

Ahora, tras el paso de algo más de un lustro, me pregunto:

-Qué tal seguirá de aspecto. A mí, me cayeron los años encima. De cincuenta a cincuenta y cinco, va un trecho.

Lo peor e inevitable: Las goteras de un bregado cuerpo comienzan a evidenciarse.

Y sigo imaginando:

-¿Se habrá cercenado su maravillosa y rubia mata de pelo?

¿Y, su alma?

¿Cómo le trajinará el aliento?

-¿Tendrá, la misma dulce mirada de antaño?

Descendieron , a mí mente tantas las dudas… Y, añoranzas… Y, recuerdos..

 No me quedó más componenda que atajar en seco.

Y, aquí sigo. Sobre el teclado y, ojo, a medio gas.

Dejaré pues, el final de este tonto recorrido de adolescente muy alejado de serlo al espejismo de mis apreciados lectores.

No obstante, creo recordar que la cita nos advierte:

-En el amor, el factor edad es lo que carece de menos importancia-

Gracias, por vuestro soporte.

 

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Autor: julio d castro

Soy El Cubanito cuentacuentos. Se me conoce algo por la casi infinita blogosfera. Espero te guste mi pequeño mundo y espacio virtual.

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