No podía, faltar a esa cita…

Resultaba, ineludible reencontrarse con aquella espectacular hembra.

Ya, se conoce de mí. Ya… Soy, lo que se suele definir como un gran seductor engañoso. O sea: un sinvergüenza. ¿O, no?

Tampoco lo fue, mi constancia en relación alguna.

La última, que recuerdo, tuvo una duración de unos tres meses aproximadamente.

No fuimos, ninguno de los dos; sino ambos los que decidimos concluirla. Aún, me pregunto los motivos. Supongo, que debido a mi frivolidad.

Yo, me dedico al sector del transporte de importación de legumbre seca. En el gremio y también en general, se las denomina: leguminosas.

Lo mío, siempre fueron, principalmente, el garbanzo y la judía para guisar.

Luego, de cuando en cuando, hacía algún que otro negocito. Como aquel de las latas de piña brasileñas y que me salió muy bueno. Todo, sea dicho de paso.

O, uno de mayor envergadura: el de la construcción, en sociedad con otro par de colegas, de unas naves comerciales a las afueras de Málaga. Ciudad, en expansión durante la década de los noventa.

Aunque, la crisis por los tiempos que corren actualmente, ya nos ha tocado a todos.

Pero, me salgo de tema.

Ella, era editora en una prestigiosa empresa editorial de libros de texto y literatura infantil, y juvenil. Muy en particular era la Delegada Comercial del área nº 1 en Málaga-Centro-Capital.

Su título, no entraba en la tarjeta. Je, je, je…

En definitiva, ambos éramos independientes y se suponía que si estábamos o, mejor dicho, estuvimos compartiendo nuestras vidas juntos, fue porque al menos algo de abrigar una pizca de cariño cohabitaba en nuestros sentimientos.

No obstante, aquello no funcionó.

Hoy por hoy, somos buenos amigos.

Sin embargo, no sé por qué me fui por las ramas.

Me explico: ¿No se trataba de no poder evitar una cita bajo ningún concepto? Sí, con otra mujer que me fascinó tanto al extremo de producirme la sensación de ser fastuosa.

Nada de nada. Sólo, se trataba de un autoengaño.

Al final, ni tan siquiera acudí a su encuentro.

Fue ella, Cristina, ésa de la que no he dejado de escribir, la única capaz de hacer mella en mí.

Aquel día decidí, al salir del trabajo, no irme ni tan siquiera a tomarme una copa con alguno de mis amigos o incluso cliente de esos con los que estás a punto de rematar una operación o negocio.

Regresé a casa pensando en ella. Tomé un largo y relajante baño. Luego, algo de tele basura. Un programa de esos de cotilleo diario.

Aunque no era demasiado tarde, creo recordar algo así que como sobre las once de la noche.

Me acurruqué y acomodé en mi amplia cama de las conquistas. Una, que cuando duermo solo en ella, prefiero irme a una esquina, ya que si no paso hasta frío.

Y, fue entonces cuando me sobrevino la gratificante sorpresa: Aún conservaba sobre una especie de secreter que daba justo en frente de donde me aclimaté una foto suya.

La miré. Observé y recordé nuestros buenos tiempos. Finalmente me dormí mirando directamente a sus bellos ojos verdes. Lo que siempre más me sedujo de ella.

Fue la noche, en mucho tiempo, que mejor dormí.

 

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Autor: julio d castro

Soy El Cubanito cuentacuentos. Se me conoce algo por la casi infinita blogosfera. Espero te guste mi pequeño mundo y espacio virtual.

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