Tras akel alba

Tras akel alba, amaneció con tal claridad, ke me impidió kedar acostado hasta el mediodía.

 

Sé, ke no es buena costumbre; no obstante casi nunca voy a la cama, como norma general, sobre las cuatro de la madrugada.

Esta vaina de ser uno más entre miles de escribanos, poco a poco me está consumiendo. Pero no desisto.

Leo, escribo y viceversa. No existe otra regla para convertirte en ensayista.

Al final, le di gracias al sol. Me despertó y pude continuar, a duras penas con mi labor.

Piensa en ello, apreciado lector.

 

 

 

 

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